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lunes, 28 de marzo de 2016

Relatos rotos: número dos

Todos somos senda, paso y pies.
 Caminamos torpes, lentos, sin aliento. Andamos decididos, rápidos, con prisas.
Sendas por el bosque, por la ciudad. Sendas predefinidas, vírgenes, exóticas, comunes. Sendas con miedo, con valor, gratuitas. 
Pasos solitarios, encontrados, tímidos, alegres, intencionados, de gigante, íntimos, compartidos, desnudos, en compañía. Pasos con cuatro pies.
Pies calzados, heridos, sin macúla. Pies que se descalzan, se curan, se manchan. Pies que andan aún en reposo. Pies que caminan sin moverse. 
Y los pasos van dando con otros pasos. Y cambia la senda, el paso y hasta los pies. Cambia la decisión, la prisa y la torpeza. El camino se hace vida. La vida quiere senderos por hacer, por los que caminar. Quiere pasos que la pongan en ruta. Quiere pies que la anden. 
Porque todos somos senda, paso y pies.

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