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martes, 16 de agosto de 2016

En el punto de mira, de Arantxa Rufo

Uno de mis géneros predilectos es la novela negra, y en general las historias de policías y detectives, donde tanto se materializa la eterna lucha del bien contra el mal. Sin embargo, he leído pocas de autores independientes. Será porque descubrí lo indie hace apenas unos meses y pocos libros de estas características que me resultasen atrayentes llegaron a mis manos.

Hace unas semanas llegó a mi 'En el punto de mira', recomendado por su propia autora, Arantxa Rufo.  Leí la sipnosis y descargué la muestra, lo que suelo hacer cada vez que alguien contacta conmigo. La sinopsis no llamó demasiado mi atención, pero cuando días después me decidí a leer la muestra supe que debía hacerme con el libro. Fue el prólogo, en segunda persona, y que mete al lector directamente en la mente del personaje, de una de las víctimas en este caso, lo que me incitó al fin a leer la novela. El estilo de la autora y su manera de narrar  en el siguiente capítulo fue también un aliciente importante.

La novela se estructura en un prólogo, cuarenta y ocho capítulos y dos epílogos, siguiendo a alguno de los personajes principales. El narrador es omnisciente en todo el libro, tanto la parte del principio que emplea la segunda persona, dirigiéndose directamente al lector, como el resto de la novela, ya en tercera persona. Cada capítulo se titula con un número, una fecha y hora y la localización. Un detalle muy de película, si bien todo el libro y la forma de contar la historia recuerdan al séptimo arte. La distribución de los capítulos me pareció  también cinematográfica. La escritora trabaja por escenas y corta la narración en el momento justo generando la tensión suficiente para que el lector quiera seguir leyendo.

 La acción transcurre mayoritamiente en Londres y los escenarios están bastante bien descritos, para lo que es necesario en un libro de este género. Se puede apreciar que la autora conoce los lugares y se molestó en imaginarlos convenientemente y documentarse. La documentación y el trabajo también se nota en las descripciones sobre las acciones de los protagonistas. Detalles del trabajo policial y de la forma de actuar de la asesina a sueldo a la que persiguen. Además, la obra tiene parte de romanticismo y describe un poco la vida familiar y con amigos de sus personajes. La novela consta de unas 459  páginas, lo que a algunos puede parecerles largo, pero yo creo que ni sobran ni faltan, sino que se ajustan bien a lo que pide la historia que en ellas se desarrolla.

En cuanto al tiempo, es lineal y la acción  transcurre en un par de meses, del 20 de mayo al 12 de junio,  pero hay alusiones a acontecimientos del pasado necesarios para entender el resto de la narración. El narrador va siguiendo tanto los pasos de la francotiradora, Kathleen Addams, como del inspector encargado de cazarla, Daniel Ryman. Para mí, ellos son los protagonistas de la novela. Ambos son peculiares, ya que ni Daniel es perfecto (aunque en ocasiones lo parezca) ni Kat es la típica asesina a sueldo psicópata y perturbada a la que es fácil odiar. En cambio, es muy sencillo empatizar con ella, entenderla y hasta desear que no salga mal parada. Ya es extraño de por sí que la protagonista sea una mujer, más que sea francotiradora; pero el carácter de Kathleen me pareció también peculiar. Aunque es reservada, consigue dar una apariencia de extroversión en ocasiones. Su autocontrol y su capacidad para la interpretación, necesarios muchas veces en su trabajo, son admirables.  Daniel es un policía astuto, obsesionado con su trabajo, que conoce su oficio y va a poner en aprietos a nuestra protagonista. Ambos, asesina a sueldo y policía,  tratan de hacer  justicia, a su manera y con sus propias armas y habilidades. La eterna lucha entre el bien y el mal de la que hablaba al principio parece no ser en este caso el nudo central de la historia. Está presente, pero ¿quiénes son los buenos y, sobre todo, quiénes son  los malos?

Otro de los personajes fundamentales es Jason Cole. Se trata del compañero de Kathleen, un hacker que le facilita mucho sus misiones como francotiradora y con el que tiene una empresa de seguridad informática que les sirve de tapadera. Mantiene con él una relación que va más allá del compañerismo o la amistad, ya que son amantes ocasionales y Kat sabe que Jason está enamorado de ella. Todo se complica cuando Kat se encuentra  a Daniel en una fiesta, tras el divorcio de este, y sienten de nuevo la atracción entre ellos. Kat no sabe que él es policía y mucho menos el encargado del caso de su último trabajo. Un trabajo en tres partes, con dos víctimas más de las que tiene que ocuparse, que se complicará mucho a partir de entonces.

Los personajes secundarios también aportan mucho a la historia y muchos de ellos son imprescindibles. Tienen cada uno su propio carácter bien definido. Así, entre ellos tenemos a policias, a descatar el compañero de Daniel, el teniente Saunders. Saunders es un mujeriego pero también sabe hacer su trabajo. Sin embargo, ¿es Saunders un compañero leal? Además está la agente especilizada en informática a la que Daniel pide ayuda, Jennifer Crewe. No es que su papel sea muy relevante en la historia, pero es de mis personajes favoritos por su caracterización. También el  hermano de Daniel, Aaron, y su esposa Deborah, que es amiga de Kat, me parecen destacables. Aunque sus papeles son más cortos, ambos tratan de hacer de casamenteros entre nuestros protagonistas, lo que constituye una  parte importante de la historia. Otro personaje que me llamó la atención es el traficante que provee de armas a Kat, el carismático y misterioso Veyron.

Con esta trama, un argumento con muchos giros inesperados, es lógico que el libro enganche, pero más que eso es la humanidad que la autora consigue dar a los personajes y la empatía que se siente con ellos lo que te mantiene pegado a sus letras. Se sufre con ellos y se viven sus aventuras.

El principio y en general el desarrollo de la novela me encantó y, para mí , quizás lo menos destacable fue el final. Está bien, es correcto y mantiene al lector en tensión. Tampoco es algo que se vea venir claramente, pero desde la mitad del libro tienes la sensación de que tiene que acabar así.  Está bien narrado y construido y además se adecua perfectamente a la trama, pero como lectora esperaba otra cosa, otro giro inesperado tal vez.  Me dejó cierto regusto amargo y esto es algo puramente mío y personal, que tiene más que ver conmigo que con la propia obra. A otra persona quizás le encante tal como está. Sin embargo, algo bueno de este final en dos epílogos es que deja la puerta abierta a una posible continuación de la historia, o a que el lector se imagine como podría ser. Sinceramente, me gustaría que hubiese esa segunda parte y la leería con agrado. El libro termina en el momento justo y la historia, a pesar de mis impresiones, tiene un final lógico y que no decepciona.

Como conclusión diría que la autora maneja con acierto los tópicos de la novela negra y de la romántica y consigue una obra entretenida y agradable de leer. Es muy recomendable si os gusta lo policíaco, casi negro,  y no os disgusta lo romántico. Su ritmo trepidante en ocasiones se acerca al thriller y tiene la dosis adecuada de suspense.

Os dejo un pequeño fragmento del prólogo, que fue la parte que a mí más me llamó la atención:
"El frío va remitiendo, por fin. Ya no sientes nada y el mundo se vuelve negro. Te repites, una última vez, que esto no puede ser verdad."

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