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lunes, 1 de agosto de 2016

El castillo soñado

Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, un reino muy lejano.  Estaba gobernado por un rey avaro, que temía perder el poco oro que conservaba, las joyas y ,sobre todo, su honor. Vivía con su familia en un castillo en ruinas. Su hogar se caía a pedazos por falta de cuidado.

 Un día la princesa se fue a hacer la siesta. A la hora de la cena, al ver que no bajaba, al rey se le atragantaron las humildes judías y el pan que era su sustento. Entró golpeando la puerta en el cuarto y con ello no contento, zarandeó a su hija y le gritó. Vino la reina al oir el estruendo. Le aplicó unas sales y le echó agua en la cara, pero la pequeña princesa no despertaba.

Cuando ya dormía un sueño de cien noches, pasó por el pueblo un hechicero que, de puerta en puerta, vendía sus ungüentos. El rey, preocupado, mandó al hechicero que a la niña despertara . El sabio probó todos sus trucos y ninguno funcionaba. Entonces mandaron llamar a una bruja vieja y astuta . Trajo su marmita, pero antes de empezar, dijo: es muy caro mi servicio, ¿podréis pagarme? El rey desesperado ofreció toda su fortuna. Cuando la princesa abrió los ojos, el rey se olvidó de la bruja y del hechicero. No pagó a ninguno lo que correspondía.  Y la bruja le maldijo. El insomnio fue su castigo.

Cansado de no pegar ojo, a los dos o tres días, el avaro rey recordó sus promesas e hizo llamar a la bruja curandera.
— ¿Cúal es vuestro precio? — le preguntó— pagaré lo que sea por recuperar el sueño.
— Mi precio y vuestro sueño son la misma cosa, pues vivís dormido creyendo estar despierto.
—Explicaos— rogó el rey, confuso.
—Os lo mostraré, pues todo hecho puede más que las palabras.

Y dicho esto, dejó caer al suelo una botella que al estallar formó una  nube de espesa niebla. Cuando desoejó, el castillo; con sus caballerizas, su puente, su foso, sus torres y almenas; desapareció ante sus ojos. Y vieron que vivían en una cuadra. El rey miró perplejo alrededor y luego a sus ropajes, que se habían tornado andrajosos.
—¿Qué encantamiento es este? ¿Qué habéis hecho, bruja?
— Devolveros al lugar que os corresponde—dijo la bruja revolviendo en sus hechizos. Ahora podéis dormir tranquilo.

Y en medio de una nube de humo, la bruja se desvaneció.

El rey se mandó a los caminos a sus soldados más leales hasta hallar al hechicero. Cuando le trajeron a su presencia, le preguntó si podía volver a la vida su castillo. El hechicero, sacando una esfera de cristal dijo:
—He aquí vuestro castillo, en el país de los sueños— y le mostró la imagen de su desastrado hogar— pero me temo que no puedo devolvéroslo.
—¿Quién puede?
— Un soñador de corazón puro— repuso el hechicero— y ahora, si me disculpáis, tengo mucho camino por andar.

El rey volvió apesadumbrado a dónde otrora estuviera su castillo. Y contempló con regocijo que allí de nuevo se encontraba. Entró en la propiedad armando gran estruendo.
—¡Chist! La niña duerme, no la despiertes— dijo la reina poniendo un dedo sobre sus labios.
Y desde entonces, cada vez que la princesita despertaba, el castillo se desvanecía.
*Nota de la autora: cuento propio basado en una imagen de internet.

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