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martes, 26 de julio de 2016

El Duque del Altozano, de Fernando Cotta



Hoy día es cada vez más complicado decidir que libros leer, así que no queda más que fiarse de recomendaciones y, sobre todo, del instinto lector. Por esos azares de la vida y de las redes sociales me topé un buen día con 'El Duque del Altozano' de Fernando Cotta. Después de que se cruzase en mi camino decidí darle una oportunidad y leer la muestra. El  libro tiene un buen comienzo, me intrigó y decidí seguir leyendo. En su inicio la historia destaca por la imaginación que desborda y algo que me llamó la atención es que el autor conoce las aves, sus nombres y formas de actuar. En simples detalles como este, además de en el castellano que utiliza, se ve la documentación y el trabajo que hay tras el libro.

Suelo huir de los libros que se autodenominan humorísticos, no me suelen hacer gracia. Es relativamente sencillo que un libro me emocione, que me enfade, que me haga llorar,... Es fácil para mí empatizar y que  me ponga , en definitiva, en la piel de sus protagonistas. Pero reírme con un libro es otra cosa y el Duque lo ha conseguido.

No es, sin embargo, un libro meramente humorístico, sino que tiene su historia y su trama bien montada. No abusa del chascarrillo,  que es lo habitual en otras obras de este estilo que tengo leído. No es humor chavacano ni fácil (al menos; no siempre, algo hay intercalado entre chistes y retruécanos más originales) sino que se me hizo divertido, fresco y alegre, hasta elegante en ocasiones. Pero con su necesaria dosis de romanticismo.

 Me ha gustado la forma de narrar y sobre todo los dialógos.  Me ha recordado a mi época en el instituto, estudiando literatura del Siglo del Oro y también a los libros del Capitán Alatriste de Peréz-Reverte. Sin embargo, poco tiene que ver con esos libros; ya que el tono es jocoso en ocasiones, tierno en otras.

Es muy fácil meterse de lleno en la historia y en los líos en que el desventurado mirlo se ve envuelto sin quererlo. El tiempo en la novela es lineal, sigue siempre a su protagonista, siendo sencillo seguir la historia en este aspecto. La forma de contar y el estilo recuerdan mucho a la literatura picaresca y de aventuras del Siglo de Oro, como no podía ser de otra manera. Utiliza acertadamente el castellano antiguo, entremezclado a veces con expresiones más actuales.

En cuanto al narrador, es  onmisciente en tercera persona. Pero, en algunos momentos determinados, pasa a la primera, a la voz de uno de los personajes. No os voy a desvelar más porque tengo la impresión de que este es un aspecto importante y que debéis descubrir por vosotros mismos al leer. Algo se esconde en esta forma de narrar.

En lo que se refiere a argumento y protagonistas, el Duque del Altozano es un noble soldado de los tercios de Flandes del Siglo de Oro, valiente y mujeriego como pocos, que se reencarna en un mirlo blanco en el año 2015 para cumplir una misión divina y redimirse de sus pecados. Así, debe ayudar con sus problemas amorosos a diversos personajes. Flor, la veterinaria  que lo atiende de sus heridas al principio del libro, Lucrecia y dos de mis personajes favoritos, Yolanda Margarita y Jorge; son, entre otros, enamorados que tienen problemas para iniciar su relación amorosa ¿Lograrán con ayuda del Duque, en mirlo reencarnado,  lanzarse al fin a las aguas del amor?

Así, cada capítulo  de los diez que componen la novela se titula según los personajes que los co-protagonizan junto con el Duque. Me atrevería a decir que cada capítulo es casi una historia independiente que bien podría leerse por separado, como si de una serie se tratase. Mantiene, sin embargo, la coherencia en toda su extensión. No es una obra larga, sobrepasa por poco las 200 páginas y puede perfectamente leerse en una tarde o unas pocas horas sueltas, como yo hice por falta de tiempo.

Otro aspecto destacable para mí es la mención a diversas regiones de la geografía española que el Duque va visitando. Parte de Madrid y va volando, parando en pueblos y ciudades para cumplir sus misiones. Parece obsesionado con querer ver el mar. En su camino se encuentra tanto a humanos que le escuchan como a otros que solo le oyen piar y tiene algún divertido encontronazo con otras aves.

La trama tiene un par de giros inesperados que me sorprendieron bastante, sobre todo el final no me lo esperaba. Irrumpe Gabriel, personaje muy diferente y que  da la impresión de ser ese archienemigo que todo héroe que se precie debe tener ¿Cuáles son los malvados planes de Gabriel? ¿Conseguirá el Duque vencerle?  Os adelanto que se deja la puerta abierta a un segundo libro y que continuen las aventuras y desventuras del emplumado caballero. Espero que así sea y estoy deseando leer esa segunda parte. Así que ya sabéis, si tenéis problemas de amores, dejaos aconsejar por el Duque del Altozano, reencarnado en mirlo blanco.

Os dejo con unos fragmentos, un par de frases de las muchas  que me llamaron la atención, para que os hagáis una idea:

"Corría el año 15 del siglo XXI de nuestro Señor, cuando un negro mirlo se acercó a escuchar la melodía. A saltitos se desplazaba mientras alzaba graciosamente y giraba de uno a otro lado la cabeza, dándole armonía a los acordes de la musicalidad."

"–De manera que el bombardeo de mis fueros era cosa del destino –Pensó. Por lo que veo en cuanto se valla la damisela me pide que descargue otra buena tormenta y tan amigos. Lo que es el amor, cura y mata en idéntica proporción."

lunes, 18 de julio de 2016

Fragmento 2 de 'Viviendo en punto muerto'

Miguel estaba muy preocupado por su hijo. Raúl había dejado de jugar al baloncesto, casi no le hablaba, ni a él ni a nadie de su entorno,  y se pasaba todo el día deambulando por ahí, con los cascos puestos a todo volumen. Le habían llamado del instituto varias veces por que el chico no había ido a clase ni dado explicación alguna para justificarse. Su padre había observado que muchas veces se ponía la capucha de la sudadera por encima de sus enormes auriculares, como si quisiese aislarse del mundo. Pero no era eso, en realidad, lo que pretendía.
Raúl siempre había sido un buen chico, estudioso, deportista y amable. Miguel trataba de mantener la calma y tratarlo como siempre. No entendía lo que le ocurría, pronto cumpliría los dieciocho así que no podía ser cosa de la edad. El divorcio le había afectado, pero hacía más de cinco años de eso.
Aquella mañana de sábado, cuando Miguel despertó, el muchacho ya se había ido. Le había dejado café hecho y tostadas, como solía hacer cada mañana. A Miguel se le daba fatal cocinar. Esperaba poder hablar con él,  averiguar de una vez que le ocurría. Tal vez llevarle a pescar al río, como hacían cuando era más pequeño. Para él siempre sería aquel niño de pelo negro ensortijado y mirada perpetuamente seria, aún cuando sonreía.
-Pero es casi un hombre-se dijo- el curso próximo se irá a la universidad.
 Tal vez ir a ver un partido, o la sierra a hacer senderismo, cualquier cosa valdría. E incluso podía organizar unas mini-vacaciones.  Tal vez el cambio de aires le ayudase a sincerarse con su padre.
-Igual solo es que ha conocido alguna chica, igual solo se ha enamorado- pensó Miguel, tratando de quitarle importancia, de dejar de preocuparse.
Pero algo no le cuadraba en el comportamiento de Raúl. Miguel no sabía lo que era, pero no parecía mal de amores. Parecía como si su hijo hubiese cambiado en los últimos meses. Trató de encontrarle sentido, de recordar cualquier situación, cualquier cambio que justificase aquello, pero no halló nada.
Estaba terminado el café, aún en pijama, pensado que ojalá Raúl volviese pronto, cuando una llamada cambió sus planes. Era del despacho. Su trabajo, como siempre, le reclamaba. Y el siempre acudía.

lunes, 11 de julio de 2016

Todas las horas mueren, de Miriam Beizana Vigo


Hace meses, cuando Miriam Beizana Vigo me propuso que leyese su próxima novela, 'Todas las horas mueren', que estaba por salir, me invadió una tremenda alegría y cierto temor. Para mí era un honor que confiase en mi criterio como lectora, pero al mismo tiempo no querría tener que decirle que el libro no estaba a la altura de 'Marafariña', su ópera prima, cuya lectura disfruté tanto. Había contactado con la autora tras leer este último libro, había visto a la persona que hay tras la escritora y si algo tenía claro es que no iba a traicionar esa confianza con una mentira de ninguna clase sobre sus libros, ni aunque fuese piadosa. Cuando vi el archivo creí que  sus 150 páginas no eran suficientes para contar una historia y comencé a leer un tanto recelosa.  Pienso que si puedes contar una historia en 100 páginas no debes emplear 1000, si bien muchas historias que he leído pecan de brevedad y necesitarían incluso más páginas. Pero, tras leer el libro y en el mismo final, me di cuenta de que me había equivocado con mis prejuicios, por fortuna. Es una obra redonda, superior incluso a 'Marafariña'. Y su brevedad es una muestra más del talento de su autora. Así, cuando le di mi opinión, lo primero que me salió fue algo así como: "Has escrito un libro con alma, otro, porque Marafariña es espíritu puro."

Si de 'Marafariña' dije que no es un libro para todos sino que solo personas con una cierta sensibilidad pueden  disfrutarlo, 'Todas las horas mueren' me ha sorprendido gratamente en este aspecto. Es un libro más cercano al lector común. Incluso personas que no sean lectores voraces, sino más bien ocasionales, que no busquen más que un poco de ocio; pueden verse irremediablemente atrapados entre sus letras. A estos últimos advertirles que les hará reflexionar para bien, que no les dejará indiferentes. Y también que es muy probable que disfruten mucho con su lectura. Sin embargo, es una obra dura, que desnuda el sufrimiento de sus personajes.

Miriam mantiene su delicioso estilo en ambas obras, 'Marafariña' y 'Todas las horas mueren', que en apariencia no pueden ser más distintas. Su prosa cuidada y el intimismo la caracterizan.  Además tiene un ritmo muy bien marcado, aunque mucho más rápido en esta ocasión y que se mantiene más, es decir, en 'Marafariña' en unos momentos determinados ese ritmo pausado (que adoré) mutó en vertiginoso porque así lo requería la trama, pero en este caso no es así. Aunque con las variaciones que la historia va pidiendo, la narración es más constante en ese sentido. Mantiene también esa particular forma de narrar, de conducirnos a lo largo de todo el argumento, que tan buen sabor de boca me dejó en su primera novela. Aunque el narrador es un poco diferente en esta ocasión, alterna la tercera persona omnisciente, que predomina, con pasajes en primera persona. Además, esta segunda obra no es tan descriptiva. Deja más a la imaginación del lector, incluso juega un poco con ella en ocasiones. La lectura es mucho más ágil que en 'Marafariña', se lee más rápido porque así lo pide la historia. Yo me la leí en un par de horas nada más, devorando una página tras otra, totalmente embelesada y sin levantar la vista del texto para nada.

Es una obra corta pero que se disfruta mucho, incluso para mí que adoro los textos largos y los libros gordos. Los cuatro capítulos son manejables, de poca extensión y van numerados, subdividiéndose a su vez en escenas con un título significativo también breves. Nada que ver con 'Marafariña', que es mucho más extensa, pensaréis, si la habéis leído. Solo en apariencia, pues ambas obras tienen una estructura clara y muy bien definida, incluso similar. Ambas obras están íntimamente ligadas además. Como sin duda recordaréis si la habéis leído, en 'Marafariña', ' Todas las horas mueren' es la obra inacabada de Estefanía que su hija Olga retoma y 'Marafariña' es también un libro en el mundo de 'Todas las horas mueren', que Olivia pide a Dorotea que lea. Me ha parecido muy curiosa esta referencia entre ambas obras.

Los personajes principales para mí son tres: Olivia, Dorotea y Laura. Tres mujeres muy diferentes a las que los azares de la vida acaban uniendo de algún modo. Como ya sabéis, me encantan los libros con protagonistas femeninas. Olivia Ochoa me ha gustado por su particular carácter. Es una escritora anciana, dueña de la Cafetería Fontiña que para mí y para Olivia es mucho más que un café, como explicaré luego. Dorotea es una joven que por azar y escapando de una situación difícil recala en Fontiña,  ese pueblo donde Olivia se ha refugiado en los últimos veinte años. Es una muchacha que parece desconocer su propia fuerza y carisma obnubilada por su dolor, sus rencores y la falta de afecto que sufre.  De Laura poco puedo decir sin desvelar demasiado la trama. Laura es un personaje atormentado, tal vez el que más sufre en esta historia, y  que transciende de su propia persona, de su propia vida, para ser algo más en la mente de Olivia. Si queréis descubrirlo tendréis que leer entre líneas y con mucha atención, no os lo voy a contar porque sería arruinaros la lectura.

Tiene también unos personajes secundarios que distan mucho de ser de relleno, de ser planos,  sino que tienen su propia historia dentro de la novela y están muy bien definidos. Así, tenemos  al panadero, Manuel, que es lo más parecido a un amigo que tiene Olivia. Tomás, el mecánico, y su esposa Clarisa acogen en principio a Dorotea. Su historia no gira solo en torno a las protagonistas, sino que cada personaje tiene su vida propia. Como es tan típico de la Galicia en que vivo, todos se conocen pero sin conocerse en realidad. Todos tienen escondidos sus propios fantasmas, algo tan típico de la naturaleza humana.

La acción transcurre entre el pasado y el presente, intercalándose ambos de un modo peculiar. Solo al final se entiende realmente esta forma de tratar el tiempo en la novela. Al final todo encaja y se comprende. El tiempo es casi  un personaje más en esta obra. Los escenarios de presente y pasado son también diferentes, del Madrid de la postguerra a la Galicia rural de hace unos años. Pero, al contrario que en otras novelas que tengo leído que utilizan un recurso similar, no se tarda en saber en que lugar o tiempo nos encontramos al leer, es decir, no te pierdes. Esto facilita mucho la lectura y se agradece.

 Si 'Marafariña' tiene un halo mágico (de universo propio), si Ruth siente una conexión mística con su pequeña aldea, el pueblo gallego donde transcurre buena parte de la acción parece en principio ser el típico lugar minúsculo, apartado y con un ritmo de vida muy lento. Pero el café de Olivia es algo diferente, el café es un símbolo para Olivia. Su café es algo que la ata a su vida anterior, que es mágico para ella, tiene una conexión espiritual con él  y este significado se me escapó en un principio. Es más que un lugar de reunión, un lugar cálido con el fuego siempre presente y un maravilloso olor a café en el aire. Es el símbolo del efecto del tiempo en nuestras vidas, de nuestras obsesiones, miedos y fantasmas. O fantasma en singular, porque hay uno muy presente en toda la novela. Si queréis saber cuál es, os animo  encarecidamente a leerla.

Concluyendo, 'Todas las horas mueren' es un libro con alma, de los que no abundan y se nota que está escrito con cariño.  El libro, para mí, manda un mensaje muy claro y esperanzador, aunque no exento de tristeza. Es una obra dura y profunda, muy intensa. Es una reflexión, casi un ensayo, sobre un aspecto de nuestras vidas que hoy día tratamos de ignorar, de vivir como si no fuese a pasarnos a nosotros; pero que forma parte de ser humanos. Es una de esas novelas que te atrapa y cuya lectura te enriquece.

Os dejo con un par de frases para enmarcar de las muchas que me encontré en esta obra:
 "Porque todo muere, y las horas no son una excepción."
"Las horas muertas, todas esas horas que mueren, están llenas de tu ausencia."




lunes, 4 de julio de 2016

Azul

—Aún queda mucho azul en el cielo—me dice él, levantando la persiana. Es cómo si me leyese el pensamiento, aunque sé que eso es imposible.

Yo la había cerrado para ocultar la luz del mediodía que entra a raudales por la ventana y poder ver la oscuridad. Porque antes me gustaba el azul, pero ahora no lo encuentro. Miro sus ojos, el mar, el cielo,... Y son grises.

Me mira consternado, con una expresión preocupada. Deja en la mesilla las pastillas, junto al vaso de agua.

—¿Estás bien? Tal vez deberíamos avisar a alguien.

Me levanto con dificultad de la cama, dolorido y adormilado. Estoy como en babia todo el tiempo, con la mente lenta y el pensamiento disperso. Ya no es el negativismo, el gris de mis pensamientos.  A eso estoy acostumbrado. Es el gris del exterior lo que me preocupa.

Estos días noto que mis movimientos son también más lentos. Estoy entrando en una especie de letargo. Todo se ralentiza y el mundo, la gente y la vida misma va a un ritmo que no soy capaz de seguir. Pero lo que más me inquieta es la falta de capacidad para disfrutar.

—Estás bien, al menos estás cuerdo—dice él mientras me tomo las pastillas.

Me encojo de hombros sin saber que decirle. Estaré curado si encuentro de nuevo el azul. Vuelvo a echarme sobre la cama en posición fetal. La cordura no es gratis, como todo, exige un sacrificio. No sé si no será demasiado lo que pide esta vez. Porque si de algo disfrutaba era del mar, del cielo y de sus ojos. Y si algo me arrebató la cordura fue el azul que en mi mente los unía.

lunes, 27 de junio de 2016

Fragmento de " Viviendo en punto muerto"

La voz de Aurora Beltrán resonaba en los oídos de Raúl. “Hay tanto ruido en mi cabeza, espero no perder la fe”.
 Estaba en el centro comercial más grande de la ciudad, rodeado de gente que aprovechaba el fin de semana para hacer sus compras, tomar algo o simplemente pasar el rato. Pero ni toda la gente y el estruendo del mundo acallaban su cabeza. Como decía la canción, había demasiado ruido allí dentro.
Un chico le paró cuando deambulaba por los anchos pasillos, entre las tiendas, esquivando gente, carritos de la compra y sillas de bebé.
-¡Ei!, Raúl, tío. ¡Cuánto tiempo!-dijo el chico, rubio y alto, sonriendo.
-Hola Carlos-dijo Rául, con su seriedad habitual.
-¿Cómo estás? Hace mazo que no nos vemos. ¿Cómo te va?
-Bien, bien. Todo bien.-Raúl titubeó un momento antes de continuar con una charla insulsa- ¿Y tú?
- Bien, voy a comprarle algo a mi chica. Oye, nunca creí que lo dejarías. En el equipo te echamos todos de menos. ¿Por qué no quedamos para una pachanga alguna vez?
-Sí, claro, algún día-calló un momento y luego añadió- Avisadme cuando quedéis
Echó a andar,  pero su amigo le retuvo cogiéndole del brazo.
-Espera , hombre ¿Y si te pasas por el entreno un día de estos? Todos se alegrarán de verte.
Raúl se puso nervioso, se soltó de golpe con torpeza, sin siquiera despedirse de Carlos y salió del centro comercial. Caía una llovizna fina y aprovechó para ponerse la capucha de la sudadera por encima de los auriculares. Encendió de nuevo el MP3 a todo volumen. Aurora Beltrán cantaba: “Que en las miradas ya no quede nada, nada, nada,…”
*Nota de la autora: La canción que escucha el protagonista es ' Quedan las sombras' de Tahúres Zurdos.

martes, 21 de junio de 2016

Azul Capitana, de María Fornet

En la descripción de este libro se plantea una pregunta: "¿Se puede encontrar el amor en un psiquiátrico?" Y se resume el argumento en una sola frase: "Esta es la historia de Alejandra, su pulsera y su huelga de hambre". Un gran resumen de la novela, sin duda, breve y que incita a leerla sin apenas desvelar nada.

Ya esta primera frase me hizo reflexionar porque el amor no es algo que se encuentre, sino algo que te encuentra y, como en este caso, cobra una forma inesperada. Es algo que aparece en cualquier lugar. Te enamoras de quién menos esperas, de quién menos parece convenirte y cuando menos receptivo estás para ese sentimiento.  Para mí esto no es una historia de amor, el amor es algo que se cuela en la historia de Alejandra. Para mí tiene más peso su hambre y su pulsera. Pero todo: el chico,  el hambre y la pulsera, son solo modos materiales de expresar algo inmaterial. Son una especie de metáfora de algo que vive tan dentro, algo tan enraizado en la mente, que parece imposible de expresar. Pero puede expresarse. Puede cobrar vida propia en objetos, en personas y en el dolor que Alejandra utiliza paradójicamente para sentirse mejor.

Alejandra es un chica fuerte, de personalidad arrolladora, que vive arrastrando un trauma del pasado que parece impedirle ser ella misma e incluso comer con normalidad. La fuerza del personaje tiene su importancia pues muchas veces se culpa al enfermo mental de su dolencia atribuyéndole debilidad de carácter, como si estuviese en esa situación porque le da la gana estar mal, por querer llamar la atención y otras razones cuanto menos curiosas que tengo escuchado. Es un tema sobre el que escribiré mucho pero esta no es la entrada para ello. Esta es una entrada para  Alejandra que, como ya dije, tiene mucho carácter, mucha fuerza y mucha voluntad.

Pero, para mí, la causa de todo no es el trauma que ella arrastra, la causa es orgánica. El trauma es su forma de materializarlo; como la pulsera, como el hambre. Es la forma de hacer de carne y hueso algo que no es más que un fantasma, algo que no podemos herir, ni medir, ni expresar y que  ni siquiera  acertamos a comprender en una mínima parte.  Y mucho menos vencerlo. Es algo que habita en  nuestras neuronas y  que la misma ciencia no ha podido más que etiquetarlo sin  verlo, ni medirlo; sino que se aproxima sin acabar de llegar al meollo del asunto. Pero a través de esa materialización Alejandra le pone cuerpo y entonces, siendo ya real, puede trabajar sobre ello, puede crear arte para expresarlo, para comprenderlo y hacérselo ver a los demás.

Aunque Alejandra sea la protagonista indiscutible y la voz a través de la cual se cuenta esta historia, los demás personajes tienen mucha importancia. Sabrina, la compañera de habitación problemática que acaba por ser su amiga; Vincent, el chico que le gusta, y sobre todo Matilde, la anciana artista ingresada  desde hace años en el centro; tienen un papel muy relevante en el desarrollo de las vivencias de  Alejandra. También, además del resto de internos y del personal del centro, para mí son muy destacables  los padres de Alejandra. Sus padres la ingresan en contra de su voluntad, incluso con una orden judicial. Estas situaciones suelen ser muy traumáticas para el paciente y la familia. Ellos parecen no comprender lo que le ocurrre a su hija, parecen estar hartos y sentirse culpables, pero siempre están ahí arropándola lo mejor que saben. Refleja de un modo muy veraz el papel de la familia en estas situaciones, en vez de limitarse a convertirlos en víctimas o culpables.

En esta novela lo que hace María Fornet me parece muy importante. Le pone voz a la enfermedad mental, la normaliza hablando de ella sin tapujos. Es, en mi humilde opinión, la misión de los escritores; poner en palabras lo que otros no sabemos, no podemos o no queremos expresar. Porque estas dolencias incomodan, se prefiere fingir que no existen, taparlas, fijarse en números y estadísticas y  que parezca que  no son personas quienes las padecen. Pero son personas, somos personas, más bien. Porque a todos nos puede tocar de cerca. Y es de este modo, hablando de la enfermedad mental, de todo lo malo que hay en ella; pero también de la parte buena, que la hay,  como se consigue un atisbo de compresión sobre un tema tan antiguo como el ser humano, pero que aún hoy día se nos escapa. Es necesario liberar a estos trastornos de su estigma y del halo romántico del que el silencio les dota. Es, por tanto, un libro muy necesario.

Por lo que tengo entendido la autora habla desde el conocimiento que su experiencia laboral le ha aportado, al trabajar en centros similares al Roble Viejo que describe en su obra. Creo que solo un buen profesional de la salud mental, o un paciente extraordinario, podría escribir algo así y de esta manera. Y además tenía que ser alguien con mucha sensibilidad para comunicar. Existe en la sociedad un desconocimiento muy grande sobre lo que son estos centros psiquiátricos y las mismas enfermedades mentales, en general. Es algo sobre lo que resulta complicado documentarse si no se conoce de primera mano.

Para terminar, decir que esta obra me ha encantado y que recomiendo que la leáis si os interesan estos temas. También la podéis leer como simple entretenimiento, casi como si fuese una novela ligera. Y lo digo porque está muy bien escrita, con una prosa elegante pero cercana,  fácil de leer y muy amena. Está bien cuidada en todos los aspectos, desde la portada a la forma de escribir. Engancha desde el principio y te mantiene en vilo durante toda la novela. Y se lee realmente rápido, la lectura es muy fluida y agradable. Me he quedado con ganas de más, aunque reconozco que el libro llega a su resolución natural, acaba en un momento ideal para ponerle fin.


martes, 14 de junio de 2016

El espíritu del desván

Después de que hayan contactado conmigo algunas personas y tras llevar algo de tiempo en esto del blog (aunque poquito), me parece necesario explicar un par de cosas. Lo hago para no tener que decir siempre lo mismo pero también para recordarlo yo, para mantener el espíritu que quiero darle a este espacio, para no corromperlo. 

Mi pequeño blog es un espacio personal que yo llamo cuarto de juegos. Está hecho para compartir con vosotros el contenido que a mí me gusta. Libros, reflexiones, ejercicios de escritura,... Es humilde, mucho, y sencillo, o trato de que lo sea. 

No miro las cifras porque me dan igual. Es un espacio de emociones, de obsesiones y sueños. Para mí no se trata de acumular visitas, se trata de tocar un trocito del alma de quién lee. Y, aunque sé que pocas veces se consigue, esa es mi única ambición. Y también matar el gusanillo de escribir y que alguien me lea, no lo voy a negar. 
 
Y centrándome más en lo práctico, las reseñas literarias, decir para empezar que esto no es un blog de reseñas. No espereis leer críticas profesionales aquí.  Para eso están los blog literarios que hay muchos y muy buenos. Llamar blog  literario al desván sería excederse. Escribo opiniones y comentarios de libros que me gustan; sí, pero son solo eso. Es cómo quién le recomienda a un amigo un libro, o le habla fascinado de una lectura que le marcó. 

Por eso no acepto que me envien libros y menos a cambio de una reseña. Solo comento libros que me gusten porque ¿vosotros recomendarías a un colega un libro que no te gusta? Yo en principio no, a no ser que conociese mucho a esa persona y supiese que puede ser de su gusto, aunque no lo sea del mío. Como no conozco a mis lectores, solo pongo libros que me agradan. Libros de los que casi me enamoro.  Y que yo vea en ellos cierto grado de calidad. 

Para conservar esta libertad,  solo descargo los libros gratis cuando el autor los regala para todos, en un día de promoción, por ejemplo. Y solo lo hago tras hojear la muestra si la obra en cuestión me despierta el interés. Sino,  pagaré por lo que quiera leer cómo cualquier lector, pues eso es lo que soy.
 
Por supuesto, acepto de muy buena gana sugerencias. Escribidme con total confianza sobre libros, tanto de vuestra autoría como de otros escritores. Me encanta interactuar con vosotros, que me escribáis en privado o en las redes.  Prometo estudiar vuestras recomendaciones, echarles un buen vistazo y, si me interesan, los compraré y los leeré. No puedo prometer escribir aquí sobre ellos, quizás si os deje una breve opinión en Amazon si la obra me convence. Quizás contacte en privado con el autor para contarle brevemente mis impresiones si no me gusta la obra y, como lectora, veo defectos notorios  o aspectos que se puedan corregir. En este último caso, mi intención sería aportar otro punto de vista al escritor sobre su libro, desde el respeto a su trabajo. No quiero perjudicar a nadie, por eso siempre lo haré en privado y argumentando cordialmente mis comentarios.

También me gusta leer y seguir otros blogs, pero no me entusiasma demasiado eso del sígueme y te sigo o coméntame y te comento. Yo miro blogs si me interesa lo que veo y trato de comentar solo cuando tengo algo que decir, para alentar al bloguero o porque me ha llamado la atención la entrada.

Aclarar también que no estoy criticando a las personas que hacen esto, solo digo que yo procuraré no hacer eso con el desván.  Está bien que los blogueros se sigan y se comenten entre ellos y que los escritores envien libros gratis para que se los reseñen, es su forma de promocionarse.

A mi desván llegan muchos libros,  muchos que yo busco y muchos otros recomendados; pero, cómo podéis ver, pocos se quedan en sus estanterías.  Para mí es un honor y un placer descubrirlos y compartilos con vosotros, pero no me dedico a esto de modo profesional. Es un pasatiempo y un aprendizaje continúo. El día que no me divierta, cerraré el desván y volveré a esconderme en mi casa con mis libros, mis historias y mis ejercicios de escritura creativa.



lunes, 6 de junio de 2016

Micro-poemas, número cuatro

Hoy fui sola a ese bar,
me senté a la mesa
que solíamos ocupar;
pedí café con leche
y dejé que desidia
y soledad hiriesen,
para que las heridas
escuezan pero cierren.

lunes, 30 de mayo de 2016

Clávame las uñas en el corazón, de Joana Arteaga

'Clávame las uñas en el corazón' es uno de esos libros con un modo de tratar el tiempo que me desconcierta y me encanta a la vez. Me recordó a un puzzle hecho a ciegas, donde no acabas de ver la imagen hasta completarlo y solo una vez terminado lo comprendes. Me pasé toda la novela viendo como las piezas iban encajando en mi imaginación.

Si siempre digo que me encantan los libros con protagonistas femeninas; con este quedé más que satisfecha en ese sentido porque, si bien los personajes masculinos tienen su importancia, el peso de la historia recae inequívocamente sobre las mujeres. Nada menos que cuatro mujeres de tres generaciones diferentes.

El otro gran protagonista de esta novela, que eclipsa todo lo demás, es el dolor. El sufrimiento se hace patente en cada línea, en cada personaje, desde la copla del inicio del libro (que yo no conocía) al final. Las emociones de los personajes te atraviesan, sientes su calvario casi en propia carne, así de bien narrado está este libro.

Hay mucho dolor en estas letras, pero también una puerta a la esperanza. Es una hermosa reflexión sobre la vida, sobre el amor y sobre todo el sufrimiento. Y de como muchas veces para liberarnos de ese dolor nos inflingimos otro mayor, como si no supiesemos curarnos de otro modo. Pero no quiero desvelaros lo que para mí es fundamental en la historia y le da pleno sentido. Si lo queréis saber tendréis que leerlo. 

Es literatura intimista, profunda, para nada ligera o comercial. Se trata de unos de esos libros que te hacen pensar, que a mí suelen encantarme. Sin embargo, no se hace difícil de leer. Es de esas obras que creo solo alguien con cierta sensibilidad puede apreciar en toda su hermosura.

 De la misma autora he leído también algo más ligero: 'El mundo contigo', que no reseñaré puesto que, aunque me gustó, no me fascinó como si lo hizo el libro que ahora tenemos entre manos.También es muy recomendable su colección de relatos: 'Siete versos sueltos'. De uno de esos relatos surge esta historia.

Recomiendo a esta autora, tanto si os gusta la literatura profunda e intimista como si preferís algo más ligero, pues tenéis dónde escoger entre los diferentes títulos que ha escrito. Yo la seguiré de cerca, creo que tiene un gran potencial y estoy deseando un nuevo libro del tipo de 'Clavame las uñas en el corazón', aunque últimamente parece preferir el género romántico o más bien 'chick lit'. 

sábado, 21 de mayo de 2016

Micro-relato: Amanecer

Este  micro-relato tan corto se me ocurrió para un concurso, pero no voy a presentarlo. Se trataba de escribir incluyendo la palabra amanecer, me puse a escribir y esto es lo que salió. 

En la ventana aparecen por fin los primeros rayos de sol, que se filtran a través de las cortinas. Estuve despierta en la oscuridad esperando este momento, esperando que el sol asomase al fin y volviese a estas tierras yermas para llenarlas de luz, dándoles un poco de calor. Le velé toda la noche deseando que amaneciese, tranquila y sin moverme mucho. Me entretuve con el divagar de mis pensamientos. Le di vueltas al concepto de lo efímero. Nunca se sabe cuál puede ser nuestro último día.

Aquí las noches son frías y se hacen eternas, aunque los días silenciosos transcurran entretenidos y con mucho trabajo. Cuidamos los cultivos, los huertos, los animales y las máquinas. De ellos dependemos los colonos para tener alimento, agua y aire a diario, y por eso los mimamos. Y además escribimos estos diarios y grabamos vídeos de nuestras actividades, dejando la primera impronta humana en un mundo que es nuevo y antiguo a la vez.

Mi compañero se renueve en la cama cuando la luz del amanecer lo despierta. Quiero que me vea a su lado cuando abra los ojos, que vea como lo miro, como velo su frágil y febril sueño. No me eligió ni yo le escogí. Fue el azar, quizás el destino, quien nos unió. O tal vez solo un algoritmo en un ordenador lo que consiguió que concidiesemos en el tiempo y el espacio. Todo lo demás es solo nuestro.


Tendré que limpiar sus heridas otra vez, cambiar el sucio vendaje, y le va a doler. Siempre aprieta los dientes y nunca grita, pero yo se bien lo que duele. A su lado, ni siquiera esta misión de colonización marciana en que vivimos me parece solitaria. A mí, que siempre me sentí sola. Ni siquiera el insomnio ni la larga noche me atormentan, porque él me recuerda que siempre amanece de nuevo. Pero,  ¿por cuánto tiempo?