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jueves, 24 de noviembre de 2016
En el pasar deshabitado de mis días
No queda de ti más que la ausencia. En este espacio atemporal sin permanencia aún te sueño. Queda tu paquete de tabaco por la mitad, esos pantalones de pinza que te gustaba ponerte, tu taza del desayuno, tu vaso y tu plato favoritos. Quedan recuerdos de momentos que ya no serán. Palabras que no dirás más, palabras que nunca pronunciaste y otras que querías decir y no dijiste. He perdido la cuenta de los años que pasaron. Años de luces y de sombras, de sudores y escalofríos. Años que me decepcionaron. Años que perseguí esas palabras que nunca salieron de tus labios. Así, de repente, todo se fue contigo. En el pasar deshabitado de mis días te sigo buscando. Pero nada hallo.
jueves, 10 de noviembre de 2016
Soledad
La soledad tiene el pelaje de su suerte negro, con unas manchitas blancas de paz y esperanza en los pies y en los bigotes. Sus ojos son verdes, profundos, misteriosos. Dicen mucho con su mirada. Mira el mundo como si nada formarse parte de él. En ocasiones también te mirará a ti así.
Te la encontrarás un día en tu casa sin previo aviso, esperándote en la puerta. Si decides acogerla, se comerá lo que le des y lo que atrape, a veces gruñirá, otras ronroneará cuando le rasques las orejas. Será distante y altiva, a veces cariñosa y cercana. Algunos días, cuando ya confie en ti se sentará en tu regazo y dormirá, llenandote de sueños nuevos. Dejará tu sofá y tu cama repletos con los pelos de la felicidad. Arañará los rincones de tu alma y lamerá tus heridas. A veces se acercará y otras te rehuyirá para luego regañarte porque no le haces caso.
A veces querrá salir, se escapará a cortejar a los otros gatos, a hacer amigos, a vivir aventuras y no sabrás de ella hasta que tenga hambre de nuevo. Cazará esos ratones, esos fantasmas, que habitan en tu casa y se los comerá. También te traerá algún pajarillo muerto, alguna pesadilla que te ronda, porque ella sabe que tú no las puedes cazar.
Cuando no sale se pasará el día en la ventana, soñando despierta con las palomas del exterior, o dormida en el sitio más insospechado. Se subirá a las estanterias para desordenarte los libros, las fotos y los recuerdos. Jugará con los ovillos de lana de tu alma, desenrredándolos, enliándolos, deshaciéndolos y rehaciendo sus nudos.
Se subirá a la mesa, a la encimera y le obsesionará el papel de aluminio porque es brillante y opaco a la vez, como ella. Le encantará molestarte cuando estes en el baño, te despertará en la madrugada mordiéndote los dedos de los pies y te alegrará las noches oscuras con su silencio. Porque esta gata es silenciosa, no la oirás ir detrás de ti y pocas veces maúlla, solo en ocasiones especiales.
Si no la castras, si la dejas libre y es feliz, parirá gatitos. Te dejará que los cojas con tus manos. Sus hijos serán inspiración, trabajo, cordura y bienestar. También puede tener a pesadumbre y nostalgia, pero a todos les cogerás cariño. Les darás leche para gatos, cobijo y mimos. Pero necesitan tanto a su madre como a ti. Y entonces te darás cuenta de todo lo que la soledad aporta a tu vida. La soledad nunca viene sola.
Hay a quién no le gusta un poco de soledad en su vida. Hay a quién no le gustan los gatos.
lunes, 1 de agosto de 2016
El castillo soñado
Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, un reino muy lejano. Estaba gobernado por un rey avaro, que temía perder el poco oro que conservaba, las joyas y ,sobre todo, su honor. Vivía con su familia en un castillo en ruinas. Su hogar se caía a pedazos por falta de cuidado.
Un día la princesa se fue a hacer la siesta. A la hora de la cena, al ver que no bajaba, al rey se le atragantaron las humildes judías y el pan que era su sustento. Entró golpeando la puerta en el cuarto y con ello no contento, zarandeó a su hija y le gritó. Vino la reina al oir el estruendo. Le aplicó unas sales y le echó agua en la cara, pero la pequeña princesa no despertaba.
Cuando ya dormía un sueño de cien noches, pasó por el pueblo un hechicero que, de puerta en puerta, vendía sus ungüentos. El rey, preocupado, mandó al hechicero que a la niña despertara . El sabio probó todos sus trucos y ninguno funcionaba. Entonces mandaron llamar a una bruja vieja y astuta . Trajo su marmita, pero antes de empezar, dijo: es muy caro mi servicio, ¿podréis pagarme? El rey desesperado ofreció toda su fortuna. Cuando la princesa abrió los ojos, el rey se olvidó de la bruja y del hechicero. No pagó a ninguno lo que correspondía. Y la bruja le maldijo. El insomnio fue su castigo.
Cansado de no pegar ojo, a los dos o tres días, el avaro rey recordó sus promesas e hizo llamar a la bruja curandera.
— ¿Cúal es vuestro precio? — le preguntó— pagaré lo que sea por recuperar el sueño.
— Mi precio y vuestro sueño son la misma cosa, pues vivís dormido creyendo estar despierto.
—Explicaos— rogó el rey, confuso.
—Os lo mostraré, pues todo hecho puede más que las palabras.
Y dicho esto, dejó caer al suelo una botella que al estallar formó una nube de espesa niebla. Cuando desoejó, el castillo; con sus caballerizas, su puente, su foso, sus torres y almenas; desapareció ante sus ojos. Y vieron que vivían en una cuadra. El rey miró perplejo alrededor y luego a sus ropajes, que se habían tornado andrajosos.
—¿Qué encantamiento es este? ¿Qué habéis hecho, bruja?
— Devolveros al lugar que os corresponde—dijo la bruja revolviendo en sus hechizos. Ahora podéis dormir tranquilo.
Y en medio de una nube de humo, la bruja se desvaneció.
El rey se mandó a los caminos a sus soldados más leales hasta hallar al hechicero. Cuando le trajeron a su presencia, le preguntó si podía volver a la vida su castillo. El hechicero, sacando una esfera de cristal dijo:
—He aquí vuestro castillo, en el país de los sueños— y le mostró la imagen de su desastrado hogar— pero me temo que no puedo devolvéroslo.
—¿Quién puede?
— Un soñador de corazón puro— repuso el hechicero— y ahora, si me disculpáis, tengo mucho camino por andar.
El rey volvió apesadumbrado a dónde otrora estuviera su castillo. Y contempló con regocijo que allí de nuevo se encontraba. Entró en la propiedad armando gran estruendo.
—¡Chist! La niña duerme, no la despiertes— dijo la reina poniendo un dedo sobre sus labios.
Y desde entonces, cada vez que la princesita despertaba, el castillo se desvanecía.
*Nota de la autora: cuento propio basado en una imagen de internet.
Un día la princesa se fue a hacer la siesta. A la hora de la cena, al ver que no bajaba, al rey se le atragantaron las humildes judías y el pan que era su sustento. Entró golpeando la puerta en el cuarto y con ello no contento, zarandeó a su hija y le gritó. Vino la reina al oir el estruendo. Le aplicó unas sales y le echó agua en la cara, pero la pequeña princesa no despertaba.
Cuando ya dormía un sueño de cien noches, pasó por el pueblo un hechicero que, de puerta en puerta, vendía sus ungüentos. El rey, preocupado, mandó al hechicero que a la niña despertara . El sabio probó todos sus trucos y ninguno funcionaba. Entonces mandaron llamar a una bruja vieja y astuta . Trajo su marmita, pero antes de empezar, dijo: es muy caro mi servicio, ¿podréis pagarme? El rey desesperado ofreció toda su fortuna. Cuando la princesa abrió los ojos, el rey se olvidó de la bruja y del hechicero. No pagó a ninguno lo que correspondía. Y la bruja le maldijo. El insomnio fue su castigo.
Cansado de no pegar ojo, a los dos o tres días, el avaro rey recordó sus promesas e hizo llamar a la bruja curandera.
— ¿Cúal es vuestro precio? — le preguntó— pagaré lo que sea por recuperar el sueño.
— Mi precio y vuestro sueño son la misma cosa, pues vivís dormido creyendo estar despierto.
—Explicaos— rogó el rey, confuso.
—Os lo mostraré, pues todo hecho puede más que las palabras.
Y dicho esto, dejó caer al suelo una botella que al estallar formó una nube de espesa niebla. Cuando desoejó, el castillo; con sus caballerizas, su puente, su foso, sus torres y almenas; desapareció ante sus ojos. Y vieron que vivían en una cuadra. El rey miró perplejo alrededor y luego a sus ropajes, que se habían tornado andrajosos.
—¿Qué encantamiento es este? ¿Qué habéis hecho, bruja?
— Devolveros al lugar que os corresponde—dijo la bruja revolviendo en sus hechizos. Ahora podéis dormir tranquilo.
Y en medio de una nube de humo, la bruja se desvaneció.
El rey se mandó a los caminos a sus soldados más leales hasta hallar al hechicero. Cuando le trajeron a su presencia, le preguntó si podía volver a la vida su castillo. El hechicero, sacando una esfera de cristal dijo:
—He aquí vuestro castillo, en el país de los sueños— y le mostró la imagen de su desastrado hogar— pero me temo que no puedo devolvéroslo.
—¿Quién puede?
— Un soñador de corazón puro— repuso el hechicero— y ahora, si me disculpáis, tengo mucho camino por andar.
El rey volvió apesadumbrado a dónde otrora estuviera su castillo. Y contempló con regocijo que allí de nuevo se encontraba. Entró en la propiedad armando gran estruendo.
—¡Chist! La niña duerme, no la despiertes— dijo la reina poniendo un dedo sobre sus labios.
Y desde entonces, cada vez que la princesita despertaba, el castillo se desvanecía.
*Nota de la autora: cuento propio basado en una imagen de internet.
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