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jueves, 17 de noviembre de 2016

Fragmento 4 de 'Viviendo en punto muerto'

Carmen se despertó tarde esa mañana. Se había pasado parte de la noche en la mesa del salón con el ordenador estudiando para las oposiciones, buscando información y tratando de distraerse, de tener la mente ocupada. Hoy no tenía que ir al hospital donde hacía el PIR. Y, por primera vez en tres años, se alegraba de no tener que trabajar. Aunque el lunes tenía que volver, esperaba estar mejor para entonces. Se sentía demasiado herida, demasiado traicionada y vulnerable para enfrentarse al mundo en ese momento. Se pasaría el fin de semana en casa. En casa de Mónica, más bien.
Se estiró y movió el cuello. Tenía los musculos doloridos y lo que parecía una contractura en la espalda. Recordó lo que había pasado la tarde anterior, cuando llegó a casa de trabajar, con comida china del restaurante favorito de Jorge, y le entraron ganas de llorar. Pero no lo hizo.
Mónica se desperezaba a su lado. Su amiga le había cedido media cama pues en su apartamento no había mucho espacio. Además de Ana, ahora vivía otra chica allí. Tenían nueva compañera. El sofá era durísimo y estaba tan viejo que tenía un muelle suelto.
-Buenos días- dijo Mónica, bostezando-¿Qué tal te encuentras?
-Pues,  para haberme encontrado a mi novio poniéndome los cuernos otra vez, estoy bastante bien.
-Pregunta tonta, lo sé. Lo siento- dijo Mónica- ¿Hago café? ¿O sigues con las infusiones?
- Hoy me apetece café- dijo Carmen levantándose- pero ya lo hago yo, no te preocupes.
Fue a la cocina y bebió un vaso de agua. Luego buscó el bote de cristal donde guardaban el café molido. Todo seguía estando en el mismo sitio que cuando ella vivía allí,aunque hacía ya unos tres años que se había ido a vivir con su novio.
-Con lo maníatica que es Mónica casi no es de extrañar- pensó- y Ana no sabe freír un huevo, no creo que pise la cocina.
Carmen había limpiado la cafetera y la llenó de agua. Puso un filtro nuevo y café en abundancia.
- Lo que no sé como es la chica nueva, aún no la he visto.
Siempre que Carmen venía a visitar a Mónica, esta estaba sola. Ana trabajaba en un teatro, de actriz secundaria y Laura, la nueva compañera, tenía un trabajo por la mañana y otro los fines de semana.
Mientras preparaba el desayuno su mente volvía una y otra vez a la noche anterior, a Jorge.     

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