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lunes, 5 de septiembre de 2016

Fragmento 3 de 'Viviendo en punto muerto'

Raúl se cansaba de estar en casa, eran las seis de la mañana y andaba de un lado a otro. Iba del salón a la cocina, de la cocina a su cuarto y le daba vueltas a la casa una y otra vez, angustiado y nervioso. No entendía que le estaba pasando, ni siquiera era consciente de que algo iba mal. Las ideas corrían atropelladamente, su mente iba de un pensamiento extraño a otro todavía más perturbador. Parecía un prisionero, un ratón en un laberinto.

Había perdido su móvil unas cuantas veces esa noche, no era capaz de recordar dónde dejaba las cosas. Su amigo Carlos le había llamado hacía horas para ir a tomar algo pero Raúl le colgó el teléfono sin siquiera despedirse. Solo quería dormir pero era incapaz de estar quieto el tiempo suficiente para conciliar el sueño. Se tumbaba en la cama, daba un par de vueltas y volvía a levantarse.

Su padre llegaría por la mañana muy tarde. Lo sabía de otras veces. Se había ido a cenar con unos clientes. El chico prefería no saber que hacía después.

El malestar aumentó de golpe, mientras estaba en el baño de su cuarto. Comenzó a sudar frío y a temblar. Además le empezó la taquicardia.  Abrió el grifo y se lavó la cara, se puso la mano mojada en la nuca y luego en la frente. Mientras las gotas de agua resbalaban por su rostro se repetía una y otra vez que no era nada, que se pasaría solo al cabo de un rato.

En los últimos meses le había ocurrido en varias ocasiones. La angustia le atrapaba para luego esfumarse dejándole agotado, pero esta vez no fue así.

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