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martes, 20 de septiembre de 2016

El grito de los murciélagos, de Jesús Carnerero


'El grito de los murciélagos, de Jesús Carnerero, es una de mis últimas lecturas. Un libro que devoré en unas pocas horas a pesar de su aparente complejidad. La obra ya solo por su título me atrajo. Si a esto le añadimos que se describe como las desventuras de un autor indie y que tiene un punto de novela negra,  era visto que tenía que leerla. Con esta novela, además, me pasó algo curioso, dos cosas en realidad.

La primera es que con este autor cometí una injusticia, no sé si grande o pequeña. Tuve durante meses una de sus obras, 'La bruma', en mi kindle sin leerla. Me había hecho con ella en una promoción que hizo el autor y que descubrí a través de las redes. Pero siempre me contactaba algún autor nuevo o descubría algún otro libro por mi cuenta y fui dejando de lado esta novela, sin olvidarla del todo, pero sin ponerme con ella. Y tengo que admitir que ahora mientras comienzo esta entrada todavía no la leí, pero pienso redimirme leyéndola pronto.

La segunda curiosidad tiene que ver con la esencia, con el alma del libro, es decir, con lo que me dice a mí como lectora. Esto no es necesariamente lo mismo que el mensaje que quiere mandar el autor al escribir, aunque a veces coinciden. Como explicaré al final, en este caso me costó encontrarlo. Hay veces que incluso no consigo captarla, que el libro no me dice nada y entonces sé que no es un libro para mí.

La novela y el propio estilo del autor se me hacen oscuras, pero no desagradables. Su prosa no suaviza esta negrura con lirismo o poesía en exceso y en ocasiones la lectura se torna dura. Pero no es gore ni molesta, puesto que tiene el punto justo de detalles escabrosos. El ritmo no me parece el típico de novela negra, sino que es casi costumbrista. Explica con cierto detalle y calma la vida, el día a día, de los personajes y se explaya en diálogos largos y  profundos. La narración es bastante lineal; con algún pequeño salto hacia el futuro, pues se cuenta en pasado, y muchas regresiones a lo acontecido anteriormente a los personajes, necesarias para entender dónde se encuentran ahora.

Algo que me llamó bastante la atención es que, tras leerla entera y releer fragmentos, no sé el nombre del protagonista, del chico que narra esta historia en primera persona. Ni se le escapa nunca a ninguno de los otros personajes ni recuerdo que el narrador se refiera nunca a sí mismo por su nombre. Me da la impresión de que esto no es casual y estuve especulando un rato sobre ello, pero no tengo idea en realidad de lo que se esconde tras un detalle tan significativo, si es que hay algo.

Creo que es una de esas historias que cuesta contar, que lleva su tiempo y su sufrimiento. Porque es negra sí, pero también muy intimista en su estilo. 'El grito  de los murciélagos' despierta emociones  en el lector de modo casi inevitable.  Yo me puse desde el mismo principio en la piel de nuestro protagonista, deseando saber más de él, imaginando que pasaría a continuación. Sin embargo, la trama no es muy predecible, intuyes cómo será el final pero no con certeza. Y sorprende bastante lo que va aconteciendo a sus personajes.
           
La novela se estructura en un prólogo, 7 capítulos sin título, únicamente numerados y una nota sobre el autor. El prólogo está firmado por otra escritora, Miriam Beizana, cuyas obras tengo el privilegio de conocer y comentar en este blog. Contiene también un par de citas, una de ellas sobre el sistema de ecolocalización de los murciélagos, que fue clave para mí, por cierto.

La portada es especialmente bonita y atrayente. Da la impresión de ser esa puesta de sol, ese momento en que asoman las estrellas y  los murciélagos echan a volar, aunque tal vez me equivoque y tenga otro sentido que se me escapa. Pero aún sin entenderla del todo, no puedo ignorar su belleza.

El protagonista, y narrador,  es un escritor indie, un autor autopublicado que, junto a su novia Marina, publica en Amazon sus colecciones de relatos. Su novia, unos años menor que el personaje principal, es ilustradora y le hace las portadas. Además trabaja dando clases y haciendo ilustraciones y portadas para otros escritores, entre otras ocupaciones. Él malvive como camarero, profesión  que parece no acabar de gustarle. Se trata de dos luchadores, una pareja fuerte y sólida que permanece unida en la adversidad. Pero Marina es más alegre y optimista, tal vez incluso más sensata. Nuestro protagonista es pesimista y tímido, rasgos que en ocasiones le crean problemas. Al hablar da la impresión de que duda constantemente y titubea, sus intervenciones en los diálogos están llenos de puntos suspensivos y muchas veces corta la frase a la mitad, cosa que no sucede con los demás personajes.

Oliver es el jefe del restaurante donde trabaja. Es un jefe atípico, un amigo para nuestro autor, el primero al que le confiesa que es escritor. Un día le ofrece un horario más flexible para que pueda escribir, propuesta que creo que pocos jefes llevarían a cabo. Y ahí empieza todo, porque  entonces irrumpe un viejo amigo en la vida del autor, Víctor. Él, que en principio solo quería escribir, se ve arrastrado por una especie de obsesión con su amigo. El amigo dista mucho de ser ejemplar.  En varias ocasiones se acopla en casa del protagonista aún sabiendo que es una molestia para ellos y motivo de discusiones entre la pareja.

Víctor es uno de los ejes de esta  novela. En él toma cuerpo uno de los temas principales de la historia, el paso de la niñez a la edad adulta, no siempre fácil, no siempre correcta. La frustación y la enfermedad mental tienen también su peso. El autor la trata sin remilgos, con crudeza incluso, la desnuda tal y como es. Se produce un contraste marcado en los diálogos entre el aparente aplomo y seguridad de Víctor, que es incluso arrogante, y el carácter más resevado, tímido e inseguro del protagonista. Los diálogos entre ambos tienen mucha fuerza.

Destacar también entre los personajes a Lola, una camarera muy joven que sufrió una relación tormentosa en el pasado y que saldrá un poco malparada en el amor de nuevo. En Lola, creo yo, se torna material otro de los temas importantes: la amistad. Aunque en principio parece que la temática de la amistad  recae más en Víctor, el personaje de Lola es clave para entender algunos aspectos de la relación entre los dos chicos. Y también para comprender la visión de esas relaciones  y la importancia que tiene la amistad para el protagonista.

El principio de la historia es, en mi opinión,  uno de sus puntos fuertes. Ya el título es enigmático y te hace preguntarte por qué se llama así la novela, pero el inicio te mantiene con la tensión correcta durante toda la trama. Hay varios interrogantes que no acaban de resolverse hasta el mismo final ¿Cómo llega el protagonista a la situación que se nos presenta al inicio? ¿Qué tiene que ver con el grito de los murciélagos? Durante la lectura se plantean también muchas preguntas, algunas no resueltas. ¿Conseguirá nuestro protagonista escribir al fin su novela? ¿Podrá vivir algún día de escribir? Pero las cuestiones fundamentales, en las que yo me encontré en el libro y que me llevaron a descubrir su esencia son otras.

Tardé bastante en captarlo y no fue durante la lectura, sino luego al divagar sobre ella para escribir el comentario. Esa interacción entre lectora y libro, eso que yo llamo alma, se contestó con dos preguntas: ¿Por qué gritan los murciélagos? ¿Qué tiene eso que ver con escribir o ser escritor? Esa es para mí la respuesta valiosa.  No os lo voy a desvelar, ya os di una pista muy importante. Si queréis descubirlo, adelante. Leed, y sobre todo, dejaos empapar por el mensaje de sus letras. Escuchad a los murciélagos chillar después de anochecer. 

Y como acostumbro os dejo con un par de frases que me llamaron la atención, entre muchas otras:

"¿Qué otro fin buscaba yo que no fuese que me leyeran?"

"Hasta de los peores ratos de la vida, de esos tan bajos, oscuros y malolientes que piensas que jamás te librarás de ellos ni los dejarás atrás, hay que sacar al menos una ínfima pizca de luz, de combustible para progresar: "




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