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lunes, 11 de julio de 2016

Todas las horas mueren, de Miriam Beizana Vigo


Hace meses, cuando Miriam Beizana Vigo me propuso que leyese su próxima novela, 'Todas las horas mueren', que estaba por salir, me invadió una tremenda alegría y cierto temor. Para mí era un honor que confiase en mi criterio como lectora, pero al mismo tiempo no querría tener que decirle que el libro no estaba a la altura de 'Marafariña', su ópera prima, cuya lectura disfruté tanto. Había contactado con la autora tras leer este último libro, había visto a la persona que hay tras la escritora y si algo tenía claro es que no iba a traicionar esa confianza con una mentira de ninguna clase sobre sus libros, ni aunque fuese piadosa. Cuando vi el archivo creí que  sus 150 páginas no eran suficientes para contar una historia y comencé a leer un tanto recelosa.  Pienso que si puedes contar una historia en 100 páginas no debes emplear 1000, si bien muchas historias que he leído pecan de brevedad y necesitarían incluso más páginas. Pero, tras leer el libro y en el mismo final, me di cuenta de que me había equivocado con mis prejuicios, por fortuna. Es una obra redonda, superior incluso a 'Marafariña'. Y su brevedad es una muestra más del talento de su autora. Así, cuando le di mi opinión, lo primero que me salió fue algo así como: "Has escrito un libro con alma, otro, porque Marafariña es espíritu puro."

Si de 'Marafariña' dije que no es un libro para todos sino que solo personas con una cierta sensibilidad pueden  disfrutarlo, 'Todas las horas mueren' me ha sorprendido gratamente en este aspecto. Es un libro más cercano al lector común. Incluso personas que no sean lectores voraces, sino más bien ocasionales, que no busquen más que un poco de ocio; pueden verse irremediablemente atrapados entre sus letras. A estos últimos advertirles que les hará reflexionar para bien, que no les dejará indiferentes. Y también que es muy probable que disfruten mucho con su lectura. Sin embargo, es una obra dura, que desnuda el sufrimiento de sus personajes.

Miriam mantiene su delicioso estilo en ambas obras, 'Marafariña' y 'Todas las horas mueren', que en apariencia no pueden ser más distintas. Su prosa cuidada y el intimismo la caracterizan.  Además tiene un ritmo muy bien marcado, aunque mucho más rápido en esta ocasión y que se mantiene más, es decir, en 'Marafariña' en unos momentos determinados ese ritmo pausado (que adoré) mutó en vertiginoso porque así lo requería la trama, pero en este caso no es así. Aunque con las variaciones que la historia va pidiendo, la narración es más constante en ese sentido. Mantiene también esa particular forma de narrar, de conducirnos a lo largo de todo el argumento, que tan buen sabor de boca me dejó en su primera novela. Aunque el narrador es un poco diferente en esta ocasión, alterna la tercera persona omnisciente, que predomina, con pasajes en primera persona. Además, esta segunda obra no es tan descriptiva. Deja más a la imaginación del lector, incluso juega un poco con ella en ocasiones. La lectura es mucho más ágil que en 'Marafariña', se lee más rápido porque así lo pide la historia. Yo me la leí en un par de horas nada más, devorando una página tras otra, totalmente embelesada y sin levantar la vista del texto para nada.

Es una obra corta pero que se disfruta mucho, incluso para mí que adoro los textos largos y los libros gordos. Los cuatro capítulos son manejables, de poca extensión y van numerados, subdividiéndose a su vez en escenas con un título significativo también breves. Nada que ver con 'Marafariña', que es mucho más extensa, pensaréis, si la habéis leído. Solo en apariencia, pues ambas obras tienen una estructura clara y muy bien definida, incluso similar. Ambas obras están íntimamente ligadas además. Como sin duda recordaréis si la habéis leído, en 'Marafariña', ' Todas las horas mueren' es la obra inacabada de Estefanía que su hija Olga retoma y 'Marafariña' es también un libro en el mundo de 'Todas las horas mueren', que Olivia pide a Dorotea que lea. Me ha parecido muy curiosa esta referencia entre ambas obras.

Los personajes principales para mí son tres: Olivia, Dorotea y Laura. Tres mujeres muy diferentes a las que los azares de la vida acaban uniendo de algún modo. Como ya sabéis, me encantan los libros con protagonistas femeninas. Olivia Ochoa me ha gustado por su particular carácter. Es una escritora anciana, dueña de la Cafetería Fontiña que para mí y para Olivia es mucho más que un café, como explicaré luego. Dorotea es una joven que por azar y escapando de una situación difícil recala en Fontiña,  ese pueblo donde Olivia se ha refugiado en los últimos veinte años. Es una muchacha que parece desconocer su propia fuerza y carisma obnubilada por su dolor, sus rencores y la falta de afecto que sufre.  De Laura poco puedo decir sin desvelar demasiado la trama. Laura es un personaje atormentado, tal vez el que más sufre en esta historia, y  que transciende de su propia persona, de su propia vida, para ser algo más en la mente de Olivia. Si queréis descubrirlo tendréis que leer entre líneas y con mucha atención, no os lo voy a contar porque sería arruinaros la lectura.

Tiene también unos personajes secundarios que distan mucho de ser de relleno, de ser planos,  sino que tienen su propia historia dentro de la novela y están muy bien definidos. Así, tenemos  al panadero, Manuel, que es lo más parecido a un amigo que tiene Olivia. Tomás, el mecánico, y su esposa Clarisa acogen en principio a Dorotea. Su historia no gira solo en torno a las protagonistas, sino que cada personaje tiene su vida propia. Como es tan típico de la Galicia en que vivo, todos se conocen pero sin conocerse en realidad. Todos tienen escondidos sus propios fantasmas, algo tan típico de la naturaleza humana.

La acción transcurre entre el pasado y el presente, intercalándose ambos de un modo peculiar. Solo al final se entiende realmente esta forma de tratar el tiempo en la novela. Al final todo encaja y se comprende. El tiempo es casi  un personaje más en esta obra. Los escenarios de presente y pasado son también diferentes, del Madrid de la postguerra a la Galicia rural de hace unos años. Pero, al contrario que en otras novelas que tengo leído que utilizan un recurso similar, no se tarda en saber en que lugar o tiempo nos encontramos al leer, es decir, no te pierdes. Esto facilita mucho la lectura y se agradece.

 Si 'Marafariña' tiene un halo mágico (de universo propio), si Ruth siente una conexión mística con su pequeña aldea, el pueblo gallego donde transcurre buena parte de la acción parece en principio ser el típico lugar minúsculo, apartado y con un ritmo de vida muy lento. Pero el café de Olivia es algo diferente, el café es un símbolo para Olivia. Su café es algo que la ata a su vida anterior, que es mágico para ella, tiene una conexión espiritual con él  y este significado se me escapó en un principio. Es más que un lugar de reunión, un lugar cálido con el fuego siempre presente y un maravilloso olor a café en el aire. Es el símbolo del efecto del tiempo en nuestras vidas, de nuestras obsesiones, miedos y fantasmas. O fantasma en singular, porque hay uno muy presente en toda la novela. Si queréis saber cuál es, os animo  encarecidamente a leerla.

Concluyendo, 'Todas las horas mueren' es un libro con alma, de los que no abundan y se nota que está escrito con cariño.  El libro, para mí, manda un mensaje muy claro y esperanzador, aunque no exento de tristeza. Es una obra dura y profunda, muy intensa. Es una reflexión, casi un ensayo, sobre un aspecto de nuestras vidas que hoy día tratamos de ignorar, de vivir como si no fuese a pasarnos a nosotros; pero que forma parte de ser humanos. Es una de esas novelas que te atrapa y cuya lectura te enriquece.

Os dejo con un par de frases para enmarcar de las muchas que me encontré en esta obra:
 "Porque todo muere, y las horas no son una excepción."
"Las horas muertas, todas esas horas que mueren, están llenas de tu ausencia."




4 comentarios:

  1. Fantástica reseña para un gran libro.

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  2. ¿Cómo lo haces para escribir tan bien,claro,tan bellamente que conviertes todo lo que escribes en,indudablemente,arte?

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    1. Hola, Pere. Muchas gracias por visitar mi blog y comentar. Si te refieres a Miriam Beizana, lo que escribe es arte, pura belleza, coincido contigo. Creo que en parte lo logra porque escribe con el alma y también se ve mucho esfuerzo tras sus letras. Todos los aficionados a escribir quisiéramos lograr algo así, pero es un talento con el que en parte se nace y en parte se va aprendiendo, creo yo.
      Mil gracias por tu precioso comentario

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